Adicciones desde la psicología humanista – Parte 3

Dadas estas consideraciones acerca del fenómeno de la adicción, cabe resaltar lo siguiente:
En rigor no es la droga la que destruye sino la actitud que se esconde detrás de su abuso, cual es la ilusión que una entrega (caída) al presente sensorial pudiera traernos un encuentro con nosotros mismos y […] la plenitud vivencial. Lo que ocurre es lo contrario: mientras más nos buscamos en la inmanencia de un presente ajeno al pasado como facticidad y al futuro como responsabilidad, más nos perdemos en un vacío que nos lleva a la paralización y, en último término, a la muerte (Dörr, 1995, p. 434).

Quedando de esta manera en evidencia el carácter temporal de este particular fenómeno y su respectiva forma de aparecer.
Por otra parte la psicología existencial, también enmarcada dentro de la corriente del análisis existencial, busca una comprensión de la adicción a partir de la intencionalidad que se manifieste en un determinado ser humano, esto debido a que la intencionalidad de la persona en particular es entendida a partir de su ubicación e íntima relación con el tiempo vivido. ‘’La intencionalidad se refiere a una orientación psicológica en la vida cotidiana que implica intereses, decisiones y formas de vivenciar la realidad’’ (De Castro & García, 2014, p. 85), por lo cual esta orientación siempre se dirige hacia la afirmación de algo que es vivencialmente valioso para la persona, esto es, un valor; ahora bien, la intencionalidad puede tener tres orientaciones: la expansión (tendencia al crecimiento, a la libertad y a la individualización), la constricción (tendencia a la adaptación a las demandas socioculturales y al ajuste al entorno) y la centración (manera sana de integrar la orientación expansiva y la constrictiva, dando como resultado una adaptación al medio y un desarrollo del propio potencial) (De Castro & García, 2014).

Desde la psicología existencial, se considera que el desarrollo de síntomas psicopatológicos son un intento desesperado de la persona por poder compensar experiencias vacías caracterizadas por sensaciones de impotencia, vacuidad, culpa y apatía, sensaciones que incrementan a raíz de una falta de contacto con los propios deseos, con la experiencia de ansiedad, y por la restricción de poder valorar constructivamente la propia experiencia (De Castro, 2011), de lo cual se desprende que la vivencia destructiva de la ansiedad termina siendo un núcleo de la psicopatología. De esta manera, si el ser humano elige no integrar las orientaciones expansivas y constrictivas por el compromiso y esfuerzo que esto requiere, puede llegar a identificarse sólo con una y negar a su contraparte, generando así una tendencia hiper-constrictiva o una tendencia hiper-expansiva de la intencionalidad (De Castro & García, 2014). Con respecto a la tendencia hiper-expansiva ‘’cuando esto ocurre […] el ser humano puede tratar de ampliar o expandir ilimitada o exageradamente sus recursos personales e interpersonales. Algunos ejemplos clásicos de esta forma de ser son […] el abuso de sustancias estimulantes del sistema nervioso central’’ (De Castro, 2011, p. 99); por otro lado, en la tendencia hiper-constrictiva el ser humano siente temor de asumir la incertidumbre implicada en las posibilidades presentes y/o futuras, y tiende a reducir o limitar sus propias posibilidades de ser o hacer, siendo un ejemplo de esta tendencia el abuso de sustancias depresoras del sistema nervioso central (De Castro, 2011).

Con esto queda evidenciado que la comprensión particular y futuro tratamiento, se hará en función del tipo de sustancia frente a la que el adicto experimenta dependencia, no sólo por las características particulares de la misma y por sus efectos en el sistema nervioso central, sino también porque permite comprender la tendencia con la que el ser humano intenciona su mundo, ya que ‘’la comprensión está caracterizada, primero, tanto por la captación de la estructura experiencial de la persona, desde la cual desarrolla una disposición afectiva ante una situación dada, como por aquello que vivencialmente es significativo para la persona’’ (De Castro & García, 2014, pág. 153), lo que implica tener en cuenta la vivencia de sentido que otorga el desarrollo de la sintomatología, en este caso, el abuso de sustancias, y las preocupaciones esenciales de la vida o dilemas existenciales, los cuales hacen parte de esa estructura experiencial (Aguirre, Delgadillo, & Guzmán, s.f.).
De todo lo anterior mencionado, se resalta que ‘’La adicción es la relación de dependencia que se establece con un objeto, tratándose a sí mismo y a los demás como un objeto’’ (Aguirre, et al., s.f., p. 15), situación que lleva al descuido de las demás esferas de la vida, incluyendo la propia existencia. De esta manera, encontramos en la adicción una forma de sustituir el intento por encontrar un sentido emocional a la vida, desarrollando una dependencia y nunca viendo colmada la ilusión de esta vivencia de sentido, por lo que las personas adictas requieren ser conscientes de la responsabilidad de su conducta, y asumir las repercusiones y daños que pueden causar tanto a sí mismos, como a su familia y a la sociedad (Aguirre, et al., s.f.)

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Autor: Santiago Bedoya – Psicólogo Clínico
Coordinador PSICÓLOGOS EN COLOMBIA

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