Adicciones desde la psicología humanista – Parte 2

En la adicción se observan tres hechos de carácter temporal, los cuales son: la repetición, la recaída y la detención en el desarrollo personal; la repetición está inmiscuida en el proceso del adicto porque ‘’Toda dependencia se caracteriza por la ejecución de un acto o de una serie de actos encaminados a la consecución de sensaciones placenteras para el sujeto y que se repiten siempre de la misma forma’’ (Dörr, 1995, p. 421), lo que implica no sólo el contacto con determinado acto o sustancia, sino también con las circunstancias que lo rodean tales como las personas o los espacios simbólicos que deben darse siempre de la misma manera; la recaída hace referencia al papel preponderante de la voluntad, debido a que en el adicto hay un desequilibrio en el devenir involuntario (propio de la dimensión afectiva-vegetativa) y el actuar voluntario (propio de la dimensión fisiognómico-estética) en favor del primero, mostrándose así un encuentro con los dos orígenes etimológicos de la palabra Sucht que fueron explicados más arriba (Zutt, 1958 citado por Dörr, 1995); por último, en la detención en el desarrollo personal se observa que ‘’la detención del devenir histórico, de la maduración personal, se observa en la evolución de todas las formas de dependencia o adicción’’ (Dörr, 1995, p. 423).

La relación de la adicción con la temporalidad se hace más patente en la manera en que el adicto vivencia de las tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. El adicto no se encuentra instalado en su pasado, debido a que a menudo la dependencia se deriva de la necesidad de escapar de sí mismo, de escapar de lo que se es, y de buscar un estado diferente que le permita experimentarse ajeno a su propia identidad, de lo que se desprende que ‘’el no asumir la propia facticidad, el desconectarse en esa forma del pasado significa un perderse en el presente, un embotarse y, por lo tanto, un olvidar’’ (Dörr, 1995, p. 429). Desde la analítica existencial de Heidegger el futuro se caracteriza por la comprensión, y “Comprender significa […] reconocer las posibilidades reales desde una aceptación de la propia facticidad. Un futuro inauténtico es posible si el existente humano se pierde en aquello de lo cual se ocupa en el presente’’ (Dörr, 1995, p. 430), por lo cual, al desconectarse de la propia facticidad se denota una relación irresponsable con el futuro, por estar privada y por el momento perdida la capacidad de comprender, siendo la única referencia del adicto al futuro una proyección hacia posibilidades vacías, esto es, un futuro imposible y una apatía por todo lo que no tenga que ver con la sustancia o el comportamiento del que se depende (Binswanger, 1957 citado por Dörr, 1995). Con respecto a la dimensión temporal del presente, se hace evidente que la embriaguez es el hecho central del comportamiento adictivo, la cual, en los dependientes  es buscada como un fin en sí misma, por lo que esta queda caracterizada como ‘’un “ahora” desconectado de la facticidad (pasado) y de la posibilidad (futuro) ’’ (Dörr, 1995, p. 432), dando como resultado una no trascendencia del ser, generando un aprisionamiento en el presente y una esfumación del resto del mundo en medio de un embotamiento como resultado de la embriaguez. En el adicto se da en el presente una relación de seducción con el objeto o comportamiento adictivo seguido de un aquietamiento por el estado de embriaguez, posteriormente un extrañamiento al llegar la sobriedad, y finalmente un encierro en un presente vacío (Dörr, 1995).

Dadas estas consideraciones acerca del fenómeno de la adicción, cabe resaltar lo siguiente:

En rigor no es la droga la que destruye sino la actitud que se esconde detrás de su abuso, cual es la ilusión que una entrega (caída) al presente sensorial pudiera traernos un encuentro con nosotros mismos y […] la plenitud vivencial. Lo que ocurre es lo contrario: mientras más nos buscamos en la inmanencia de un presente ajeno al pasado como facticidad y al futuro como responsabilidad, más nos perdemos en un vacío que nos lleva a la paralización y, en último término, a la muerte (Dörr, 1995, p. 434).

Quedando de esta manera en evidencia el carácter temporal de este particular fenómeno y su respectiva forma de aparecer.

Por otra parte la psicología existencial, también enmarcada dentro de la corriente del análisis existencial, busca una comprensión de la adicción a partir de la intencionalidad que se manifieste en un determinado ser humano, esto debido a que  la intencionalidad de la persona en particular es entendida a partir de su ubicación e íntima relación con el tiempo vivido. ‘’La intencionalidad se refiere a una orientación psicológica en la vida cotidiana que implica intereses, decisiones y formas de vivenciar la realidad’’ (De Castro & García, 2014, p. 85), por lo cual esta orientación siempre se dirige hacia la afirmación de algo que es vivencialmente valioso para la persona, esto es, un valor; ahora bien, la intencionalidad puede tener tres orientaciones: la expansión (tendencia al crecimiento, a la libertad y a la individualización), la constricción (tendencia a la adaptación a las demandas socioculturales y al ajuste al entorno) y la centración (manera sana de integrar la orientación expansiva y la constrictiva, dando como resultado una adaptación al medio y un desarrollo del propio potencial) (De Castro &  García, 2014).

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